Subrayar bien: cuándo sirve y cuándo es perder el tiempo

Subrayar bien: cuándo sirve y cuándo es perder el tiempo

El subrayado es una de las técnicas de estudio más populares entre los estudiantes. La idea es sencilla, marcar las ideas clave para facilitar el repaso y la memorización. Sin embargo, la ciencia alerta de que el subrayado por sí solo aporta poco a largo plazo. Se suele creer que resaltar garantiza aprendizaje, pero varias revisiones científicas indican lo contrario.

Cómo funciona el subrayado. Bases cognitivas

El subrayado es una codificación visual en la que se destaca fragmentos del texto, llamando la atención sobre ellos. Esto aprovecha el efecto de aislamiento (o efecto Von Restorff): la información resaltada “sobresale” sensorialmente del resto, por lo que se recuerda mejor. Además, obliga al estudiante a concentrarse brevemente en cada idea marcada. Sin embargo, este esfuerzo suele ser superficial. En otras palabras, el subrayado es pasivo, que sin una reflexión posterior, equivale a saber que algo es importante, pero no a entenderlo a fondo.

Beneficios del subrayado, ¿por qué podría servir?

Aunque es una técnica limitada, el subrayado puede resultar útil si se emplea con criterio. Una de sus principales ventajas es que favorece la atención focalizada. Al marcar las ideas más importantes, dirigimos la vista hacia lo esencial. Durante el repaso, la mirada se centra de forma inmediata en lo subrayado, lo que permite prestar más atención a esos conceptos clave y agiliza la revisión, evitando tener que releer todo el párrafo.

Otra ventaja es la distintividad visual, relacionada con el efecto Von Restorff. Los elementos resaltados destacan frente al texto normal, lo que hace que tengan más probabilidades de ser recordados, ya que el cerebro tiende a fijarse y retener mejor aquello.

Por último, el subrayado puede servir como base para la elaboración de esquemas o resúmenes. Aunque por sí solo no sustituye a estas técnicas, un subrayado bien realizado permite identificar los conceptos fundamentales que después pueden organizarse y trabajarse mediante métodos de estudio más activos.

Cuándo es perder el tiempo

Resaltar sin una estrategia clara puede resultar prácticamente inútil. Diversos estudios advierten sobre errores frecuentes, como el subrayado excesivo. Cuando se marca demasiado texto o se subrayan frases completas, todo acaba destacando por igual y se pierde el foco. Cuanto más se subraya, menos se aprovecha el beneficio del aislamiento visual; por ello, se recomienda no resaltar más que unas pocas palabras seguidas, ya que excederse anula el efecto Von Restorff.

Otro problema habitual es el estudio superficial. El subrayado puede volverse una acción mecánica si no va acompañada de reflexión, convirtiéndose en una estrategia de bajo esfuerzo que solo da la sensación de estar estudiando.

También es frecuente la falsa sensación de dominio del contenido. Expertos señalan que esta “ilusión de conocimiento” es muy común ya que tras subrayar un párrafo, muchos estudiantes creen dominarlo, cuando en realidad aún necesitan trabajar activamente.

A esto se suma el coste de oportunidad. Dedicar demasiado tiempo al subrayado puede restárselo a técnicas mucho más eficaces para la memoria, como la práctica de recuperación activa o el repaso espaciado. Confiar únicamente en el subrayado puede impedir invertir tiempo en estos métodos de mayor impacto.

Por último, el uso de colores inapropiados puede ser contraproducente. Los tonos muy chillones o el exceso de colores fatigan la vista sin aportar beneficios adicionales. Se suelen recomendar colores suaves o pastel para sesiones largas de estudio y limitar el número de rotuladores utilizados. Un código de colores desordenado y sin lógica puede distraer más de lo que ayuda.

Cómo subrayar bien

Para aprovechar el subrayado sin caer en lo inútil, conviene seguir estas pautas basadas en expertos:

  1. Leer antes de subrayar: No marques nada en tu primera lectura. Primero comprende el texto completo y después haz una segunda pasada para destacar sólo lo esencial.
  2. Señalar ideas clave mínimas: Limita cada subrayado a unas pocas palabras o frases centrales. No marques oraciones enteras; hazlo con criterio.
  3. Usar diferentes colores con sentido: Implementa un código propio (por ejemplo, un color para conceptos clave, otro para definiciones, otro para autores, etc.). Se sugiere preferir tonos pastel y no abusar de más de 3–4 colores.
  4. Anotar al margen: Acompaña el subrayado con breves notas o símbolos (flechas, corchetes, números) que aclaren relaciones entre conceptos. Esto obliga a procesar más activamente la información subrayada.
  5. No confiar solo en la vista: Tras subrayar, repásalo escribiendo o hablando con tus propias palabras. Este paso de recuperación activa es clave: convierte un simple marcaje visual en un verdadero aprendizaje.

Combina el subrayado con otras técnicas

El subrayado rinde al máximo cuando se integra en un sistema de estudio más amplio. Algunos complementos útiles son:

  • Recuperación activa: Tras subrayar, genera preguntas de prueba basadas en lo resaltado. Autoexaminarte refuerza la retención mucho más que releer pasivamente.
  • Revisión espaciada: Vuelve a estudiar lo subrayado en intervalos programados. La ciencia demuestra que espaciar los repasos fija mejor la memoria.
  • Resumir y esquematizar: Utiliza el material subrayado para crear resúmenes o mapas conceptuales.
  • Elaboración y autoexplicación: Explica en voz alta qué has subrayado y por qué es importante.

Conclusión

El subrayado no es una panacea, pero tampoco es inútil si se emplea con criterio. La investigación especializada coincide en que, por sí solo, subrayar aporta muy poco a la retención a largo plazo. Sin embargo, usado correctamente puede ahorrar tiempo en el repaso y guiar el estudio.

En Selectiva App puedes subrayar resúmenes de forma estratégica y, lo más importante, reforzar ese contenido mediante recuperación activa y repetición espaciada. No se trata sólo de marcar texto, sino de convertirlo en aprendizaje real y duradero.